Nov/08/2009 - 04:02:44
El Padre Mariné: una vida al servicio de la Iglesia
Homilía del Padre Miguel Ángel Barco, con ocasión del 90º aniversario del Padre José Mariné Jorba.
90 AÑOS DE VIDA Y 65 DE SACERDOCIO
Que momento tan dichoso y sublime a la vez. Poder hoy congregarnos en torno al Altar del Señor, para contemplar a Mosén Mariné celebrar la Santa Misa en esta festividad de Nuestra Señora del Pilar, y en el mismo día que cumple sus 90 años de edad. 90 años de vida, habiendo superado ya también los 65 años de sacerdocio. Yo no sé si debemos felicitarle a usted o felicitarnos a nosotros mismos por la suerte de haberle tenido tantos años infundiendo y defendiendo la Fe Católica. Formando a tantas generaciones a lo largo de esa vida fecunda, sacerdotal, sacrificada y entregada por la causa de Cristo. ¡Que hermoso momento! Como canta el Pregón Pascual cuando dice: “O felix nocte” Que féliz esta noche. ¡Que feliz momento! Litúrgica y celebratívamente, y también desde la emoción de todos los que hoy estamos aquí junto a usted. No siempre es posible revivir momentos tan gratos como el este que ahora estamos viviendo y celebrando. Ver a nuestro párroco emérito subir al altar de Dios, una vez más, en esta iglesia que después de muchos esfuerzos y sacrificios consiguió levantar con la ayuda de tantas personas que admirados por la entereza y valía de su persona y su vida sacerdotal, supieron que ayudaban y contribuían a la noble causa de levantar un templo donde siempre se proclamara y se aclamara la Gloria de Dios. Poco a poco, con aquellos donativos sencillos. El primer donativo fue el de una anciana del Asilo Municipal. Cincuenta pesetas. Y después, otros donativos, algunos más cuantiosos, pero de mucho sacrificio. Paso a paso, piedra a piedra, peseta a peseta, el nuevo Templo de San Félix Africano se iba consolidando. El buen hacer de Mosén Mariné difundía el “bonus odor Christi”, el buen olor de Cristo. E incluso fuera de nuestra Barcelona era conocida la buena labor que aquí se desarrollaba. Bastaba seguir semanalmente la hoja parroquial para ir viendo como de todas partes llegaban ayudas para esta parroquia de una barriada sencilla y humilde que levantaba sacrificadamente este templo. Hasta de Alemania llegaba ayuda para llevar hacia delante los nobles proyectos de este párroco. La familia Rosmüller donó la piedra superior del altar. No faltaban a la difunta Teresa y a Hans Rosmüller la misa semanal por su eterno descanso, que solía ser la de los domingos a las 8 de la mañana. Tampoco le faltaban a este bueno y santo sacerdote la oración por sus padres a los que conocimos aquí entre nosotros. Los esposos Juan Mariné y Antonia Jorba. A su padre Juan lo perdimos una noche de Navidad después de la Misa del Gallo. Había estado en aquella Misa de Nochebuena y horas después, se nos fue al cielo. Cuantas y cuantas personas han encontrado aquí un lugar de sosiego espiritual, donde siempre se adoró al Santísimo Sacramento con el más profundo respeto. Es muy difícil haber vivido y haber frecuentado San Félix y no tener una piedad eucarística sólida, porque San Félix ha sido una escuela de adoración a la Eucaristía. Donde tanto se cuidó la catequesis y los sacramentos. Donde siempre era posible encontrar sacerdotes sentados en el confesionario. ¡Cuántos grandes sacerdotes han colaborado con usted durante esos 32 años que ha regentado esta parroquia de San Félix! Muchos de ellos ya difuntos, como el Padre Ricardo de Olot, Capuchino, con sus largas barbas, gran apóstol de los gitanos del actualmente desaparecido Somorrostro. O Mosen Peiret, capellán castrense, o el padre Miguel Herráez, el Padre Solé, claretiano, que tanto bien nos hizo, año tras año, con sus sermones cuaresmales. O el Padre Félix Lasheras, o el Padre Daniel Frías, o Mosén Narcis Casanovas. Mosén Josep Ricart y el Padre José María Alba, animadores y promotores de la Unión Seglar, que siempre encontraron aquí un lugar donde ser acogidos, comprendidos y valorados. Y otros tantos de los que seguimos pudiendo disfrutar como Mosén Pedro Muñoz, que después de tantos años de labor sacrificada y silenciosa, ha recibido el gozo de ver como su comunidad religiosa del Oasis, que sigue firme en la tradición, ha obtenido el total y merecido reconocimiento y valoración por parte de la Santa Iglesia y del mismo Santo Padre Benedicto XVI. Y el Padre Antonio, que en la actualidad celebra la santa Misa tradicional todos los domingos en la parroquia de San Juan Mª Vianney. El Padre Treviño, el padre Cirilo… San Félix ha sido siempre lugar de sacerdotes, porque Mosén Mariné sabía que la Iglesia era sustentada y alimentada por el ministerio de los sacerdotes. Los grupos de monaguillos que enriquecían las celebraciones, y que ponían un gran entusiasmo en la liturgia bien celebrada. ¡Que años tan hermosos hemos vivido aquí! Con que ilusión, aquel 13 de mayo de 1979, pudimos participar en aquella Solemne Misa en la que Cardenal Jubany, bendijo y consagró este templo. Cuánto sacrificio oculto que solamente Dios y usted conocen. Sabiendo estar siempre a la altura de las circunstancias. En aquellos años de debilidad espiritual, San Félix era un foco de calor y un punto de referencia para la ciudad entera de Barcelona. Cuando los párrocos de la ciudad dejaron de sacar las procesiones del Corpus Christi a la calle, porque había que modernizarse, o por lo menos parecer moderno, que era lo que entonces se llevaba más, aquí siempre se conservó esa manifestación pública de adoración a Jesús Eucaristía. La procesión de San Félix llegó a ser la única de Barcelona que salía a la calle. Ni la Catedral mantuvo durante unos años esa procesión por el exterior. Pero San Félix seguía contando con un nutrido grupo de adoradores nocturnos que eran un pulmón, un balón de oxígeno para la parroquia. Y usted, mosén Mariné pasaba con los adoradores toda la noche, hasta que de madrugada impartía la bendición con el Santísimo Sacramento y celebraba la Santa Misa ya del nuevo día. Era hermoso entrar en el templo, que permanecía toda la noche con poca luz, y ver a lo lejos como el confesionario del fondo tenía la luz encendida, a las 12, a la 1 a las 2. Allí estaba Mosén Mariné horas y horas esperando a los penitentes. Yo mismo, muchas veces sentí pereza de confesar, pero aquella luz encendida del confesionario, oprimía la conciencia, y por último acababas acercándote al sacramento del perdón. Mosén Mariné siempre ha tenido clara conciencia de su condición sacerdotal. Siempre dispuesto y solícito para atender a los enfermos, aunque fuese a horas intempestivas. Acogedor con todos. Animador de los jóvenes de Badalona que como verdaderos apóstoles en medio de un erial, preparaban piadosamente a los niños para la primera comunión que acababan recibiendo en esta parroquia. Y como nota significativa, aunque de modo discreto, defensor de la misa tradicional. En más de una ocasión le escuché decir que ese modo tradicional de decir la misa, con el que se habían santificado tantos y tantos santos, no podía ser de repente malo. Algo que había santificado tanto a la Iglesia no podía ser arrojado por la borda. Y también en más de una ocasión fue acusado a las autoridades eclesiásticas de celebrar con el rito tridentino, pero el obispo de cada momento sabía la gran labor que Mosén Mariné realizaba aquí en todos los ámbitos, y nunca se atrevieron a prohibírselo. Ni el Cardenal Jubany, ni el Cardenal Carles sabían que no podían hacerlo. Ni siquiera cuando en el año 1982 el Santo Padre Juan Pablo II dispuso que se pudiese celebrar el rito tridentino con conocimiento del obispo diocesano, recuerdo que Mosén Mariné fue a visitar al Cardenal Jubany y le pidió permiso para celebrar la Santa Misa tradicional, y el Cardenal le respondió: “Pero, ¿habías dejado de decirla?” Porque el Cardenal sabía que Mosén Mariné seguía firme en esa piadosa tradición. Y por esa razón no tuvo que pedir permiso alguno para volver a celebrar con el antiguo rito, ya que nunca dejo de usarlo. Quién no recuerda aquellas hermosas misas de 11, cantadas en latín, que crearon un estilo propio, sin duda alguna. Algunas de las sugerencias que el Santo Padre Benedicto XVI propone para la total adecuación a nuestros días del Rito Romano, Mosén Mariné ya las utilizaba, dando uso por ejemplo al leccionario en lengua vernácula dentro de la misa tradicional. Y si le preguntabas porque usaba los leccionarios modernos con el rito antiguo respondía sabiamente: “Antes no se usaban porque no existían, ahora los tenemos y es bueno y útil usarlos. Si los hubiésemos tenido antes, los hubiésemos utilizado antes.” También la comunidad polaca de Barcelona encontró en Mosén Mariné un padre que supo acogerles y comprenderles, cuando permitió que la Virgen de Czestochowa fuese entronizada en la capilla construida al efecto dentro del complejo parroquial. Cuanto fruto ha dado y sigue dando la vida apostólica de Mosén Mariné. Durante unos años no se le pidió ningún tipo de colaboración desde esta su parroquia, pero él no se quedó de brazos cruzados. Supo dedicar su tiempo y su labor, en los servicios funerarios del Tanatorio de Sancho de Ávila, en la Capilla de la Adoración de la Santa Faz. Y actualmente en la capilla de Ntra. Sra. de la Merced y San Pedro Apóstol de la calle Laforja. Hace un par de años, en una de mis visitas a Barcelona, hablando con él, le sugerí que descansara más, que ya no trabajase tanto. Y me respondió que así lo hacía. Que trabajaba de lunes a sábado, y que el domingo, después de celebrar la misa o misas que tuviese esa mañana, dedicaba para él la tarde del domingo. Cuando le pregunté que hacía esas tardes de domingo, me respondió que Dios le estaba colmando de salud y años, y que como ya estaba ya en edad de total jubilación, eso era signo de que Dios quería algo más de él. Que Dios quería que en el ocaso de su vida se dedicase a obras de caridad. Por esa razón, la tarde del domingo la dedicaba a visitar sacerdotes enfermos, algunos de su misma edad, que no gozaban ya de salud, porque estaban ciegos o sordos, o con mascarilla de oxígeno. El los visitaba, les animaba, los confortaba, y si era necesario les llevaba la Santa Comunión. Ese era el tiempo que dedicaba para él. Su descansoera hacer obras de caridad. Es una respuesta que impresiona, y que te deja de una pieza. Escuchar que cuando uno tiene tiempo libre es para dedicarse todavía más al amor de Dios. Hay personas, a quienes después de morir les deseamos que descansen en Dios. Mosén Mariné ha aprendido y ha sabido descansar en Dios en vida. Como nos dice el mismo Jesús en el Evangelio: “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra”. Mosén Mariné: No tiene usted nada que temer. El Señor devuelve siempre el ciento por uno. Y usted le ha dado mucho a Él. Y todo eso multiplicado por cien, es muchísimo ante Dios. “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”, hemos escuchado en el Evangelio. Es esta una alabanza grande, porque Jesús la dijo cuando su Madre se acercaba a él” Que gran recuerdo de aquellas prácticas de piedad marianas y con qué solemnidad. El Mes de Mayo, con sus avemarías cantadas, la Novena a la Inmaculada, o a la Virgen del Carmen. El rezo diario del Santo Rosario. Y todas las fiestas de María que eran aquí entre nosotros ocasión de cantar y celebrar a María la Madre del Señor. La Santa Misa es ciertamente acción de gracias a Dios. Pero permítanos, le demos hoy también las gracias a usted. Su labor está ahí. Y sigue dando fruto. Que Dios le bendiga hoy y siempre, y a nosotros nos ayude a saber ver en este día en que cumple usted sus 90 años, el gozo verdadero de una vida entregada a la voluntad de Dios. No deje usted de entonar su “Introibo ad altare Dei, ad Deum que laetificat juventutem meam” aunque sea cogido a un bastón, o a veces sentado. Porque el cuerpo envejece pero los que viven en Dios tienen un espíritu joven, eternamente joven, y que todavía rejuvenece más, cuando se tiene a Dios más y más cerca. Mosén Mariné: Felicidades en este día. Felicidades también a la comunidad parroquial, por vuestra asistencia y vuestra presencia. Yo pienso que en conciencia, era para nosotros una obligación justa y necesaria, que hoy no pasáramos por alto este noventa cumpleaños de Mosén Mariné. Estamos con usted junto al altar de Dios. Vamos a celebrar la Santa Misa, y vamos a comulgar ese mismo pan partido y compartido, que es el que nos une en la fe, la caridad, en el amor de Dios. Que así sea.
90 AÑOS DE VIDA Y 65 DE SACERDOCIO
Que momento tan dichoso y sublime a la vez. Poder hoy congregarnos en torno al Altar del Señor, para contemplar a Mosén Mariné celebrar la Santa Misa en esta festividad de Nuestra Señora del Pilar, y en el mismo día que cumple sus 90 años de edad. 90 años de vida, habiendo superado ya también los 65 años de sacerdocio. Yo no sé si debemos felicitarle a usted o felicitarnos a nosotros mismos por la suerte de haberle tenido tantos años infundiendo y defendiendo la Fe Católica. Formando a tantas generaciones a lo largo de esa vida fecunda, sacerdotal, sacrificada y entregada por la causa de Cristo. ¡Que hermoso momento! Como canta el Pregón Pascual cuando dice: “O felix nocte” Que féliz esta noche. ¡Que feliz momento! Litúrgica y celebratívamente, y también desde la emoción de todos los que hoy estamos aquí junto a usted. No siempre es posible revivir momentos tan gratos como el este que ahora estamos viviendo y celebrando. Ver a nuestro párroco emérito subir al altar de Dios, una vez más, en esta iglesia que después de muchos esfuerzos y sacrificios consiguió levantar con la ayuda de tantas personas que admirados por la entereza y valía de su persona y su vida sacerdotal, supieron que ayudaban y contribuían a la noble causa de levantar un templo donde siempre se proclamara y se aclamara la Gloria de Dios. Poco a poco, con aquellos donativos sencillos. El primer donativo fue el de una anciana del Asilo Municipal. Cincuenta pesetas. Y después, otros donativos, algunos más cuantiosos, pero de mucho sacrificio. Paso a paso, piedra a piedra, peseta a peseta, el nuevo Templo de San Félix Africano se iba consolidando. El buen hacer de Mosén Mariné difundía el “bonus odor Christi”, el buen olor de Cristo. E incluso fuera de nuestra Barcelona era conocida la buena labor que aquí se desarrollaba. Bastaba seguir semanalmente la hoja parroquial para ir viendo como de todas partes llegaban ayudas para esta parroquia de una barriada sencilla y humilde que levantaba sacrificadamente este templo. Hasta de Alemania llegaba ayuda para llevar hacia delante los nobles proyectos de este párroco. La familia Rosmüller donó la piedra superior del altar. No faltaban a la difunta Teresa y a Hans Rosmüller la misa semanal por su eterno descanso, que solía ser la de los domingos a las 8 de la mañana. Tampoco le faltaban a este bueno y santo sacerdote la oración por sus padres a los que conocimos aquí entre nosotros. Los esposos Juan Mariné y Antonia Jorba. A su padre Juan lo perdimos una noche de Navidad después de la Misa del Gallo. Había estado en aquella Misa de Nochebuena y horas después, se nos fue al cielo. Cuantas y cuantas personas han encontrado aquí un lugar de sosiego espiritual, donde siempre se adoró al Santísimo Sacramento con el más profundo respeto. Es muy difícil haber vivido y haber frecuentado San Félix y no tener una piedad eucarística sólida, porque San Félix ha sido una escuela de adoración a la Eucaristía. Donde tanto se cuidó la catequesis y los sacramentos. Donde siempre era posible encontrar sacerdotes sentados en el confesionario. ¡Cuántos grandes sacerdotes han colaborado con usted durante esos 32 años que ha regentado esta parroquia de San Félix! Muchos de ellos ya difuntos, como el Padre Ricardo de Olot, Capuchino, con sus largas barbas, gran apóstol de los gitanos del actualmente desaparecido Somorrostro. O Mosen Peiret, capellán castrense, o el padre Miguel Herráez, el Padre Solé, claretiano, que tanto bien nos hizo, año tras año, con sus sermones cuaresmales. O el Padre Félix Lasheras, o el Padre Daniel Frías, o Mosén Narcis Casanovas. Mosén Josep Ricart y el Padre José María Alba, animadores y promotores de la Unión Seglar, que siempre encontraron aquí un lugar donde ser acogidos, comprendidos y valorados. Y otros tantos de los que seguimos pudiendo disfrutar como Mosén Pedro Muñoz, que después de tantos años de labor sacrificada y silenciosa, ha recibido el gozo de ver como su comunidad religiosa del Oasis, que sigue firme en la tradición, ha obtenido el total y merecido reconocimiento y valoración por parte de la Santa Iglesia y del mismo Santo Padre Benedicto XVI. Y el Padre Antonio, que en la actualidad celebra la santa Misa tradicional todos los domingos en la parroquia de San Juan Mª Vianney. El Padre Treviño, el padre Cirilo… San Félix ha sido siempre lugar de sacerdotes, porque Mosén Mariné sabía que la Iglesia era sustentada y alimentada por el ministerio de los sacerdotes. Los grupos de monaguillos que enriquecían las celebraciones, y que ponían un gran entusiasmo en la liturgia bien celebrada. ¡Que años tan hermosos hemos vivido aquí! Con que ilusión, aquel 13 de mayo de 1979, pudimos participar en aquella Solemne Misa en la que Cardenal Jubany, bendijo y consagró este templo. Cuánto sacrificio oculto que solamente Dios y usted conocen. Sabiendo estar siempre a la altura de las circunstancias. En aquellos años de debilidad espiritual, San Félix era un foco de calor y un punto de referencia para la ciudad entera de Barcelona. Cuando los párrocos de la ciudad dejaron de sacar las procesiones del Corpus Christi a la calle, porque había que modernizarse, o por lo menos parecer moderno, que era lo que entonces se llevaba más, aquí siempre se conservó esa manifestación pública de adoración a Jesús Eucaristía. La procesión de San Félix llegó a ser la única de Barcelona que salía a la calle. Ni la Catedral mantuvo durante unos años esa procesión por el exterior. Pero San Félix seguía contando con un nutrido grupo de adoradores nocturnos que eran un pulmón, un balón de oxígeno para la parroquia. Y usted, mosén Mariné pasaba con los adoradores toda la noche, hasta que de madrugada impartía la bendición con el Santísimo Sacramento y celebraba la Santa Misa ya del nuevo día. Era hermoso entrar en el templo, que permanecía toda la noche con poca luz, y ver a lo lejos como el confesionario del fondo tenía la luz encendida, a las 12, a la 1 a las 2. Allí estaba Mosén Mariné horas y horas esperando a los penitentes. Yo mismo, muchas veces sentí pereza de confesar, pero aquella luz encendida del confesionario, oprimía la conciencia, y por último acababas acercándote al sacramento del perdón. Mosén Mariné siempre ha tenido clara conciencia de su condición sacerdotal. Siempre dispuesto y solícito para atender a los enfermos, aunque fuese a horas intempestivas. Acogedor con todos. Animador de los jóvenes de Badalona que como verdaderos apóstoles en medio de un erial, preparaban piadosamente a los niños para la primera comunión que acababan recibiendo en esta parroquia. Y como nota significativa, aunque de modo discreto, defensor de la misa tradicional. En más de una ocasión le escuché decir que ese modo tradicional de decir la misa, con el que se habían santificado tantos y tantos santos, no podía ser de repente malo. Algo que había santificado tanto a la Iglesia no podía ser arrojado por la borda. Y también en más de una ocasión fue acusado a las autoridades eclesiásticas de celebrar con el rito tridentino, pero el obispo de cada momento sabía la gran labor que Mosén Mariné realizaba aquí en todos los ámbitos, y nunca se atrevieron a prohibírselo. Ni el Cardenal Jubany, ni el Cardenal Carles sabían que no podían hacerlo. Ni siquiera cuando en el año 1982 el Santo Padre Juan Pablo II dispuso que se pudiese celebrar el rito tridentino con conocimiento del obispo diocesano, recuerdo que Mosén Mariné fue a visitar al Cardenal Jubany y le pidió permiso para celebrar la Santa Misa tradicional, y el Cardenal le respondió: “Pero, ¿habías dejado de decirla?” Porque el Cardenal sabía que Mosén Mariné seguía firme en esa piadosa tradición. Y por esa razón no tuvo que pedir permiso alguno para volver a celebrar con el antiguo rito, ya que nunca dejo de usarlo. Quién no recuerda aquellas hermosas misas de 11, cantadas en latín, que crearon un estilo propio, sin duda alguna. Algunas de las sugerencias que el Santo Padre Benedicto XVI propone para la total adecuación a nuestros días del Rito Romano, Mosén Mariné ya las utilizaba, dando uso por ejemplo al leccionario en lengua vernácula dentro de la misa tradicional. Y si le preguntabas porque usaba los leccionarios modernos con el rito antiguo respondía sabiamente: “Antes no se usaban porque no existían, ahora los tenemos y es bueno y útil usarlos. Si los hubiésemos tenido antes, los hubiésemos utilizado antes.” También la comunidad polaca de Barcelona encontró en Mosén Mariné un padre que supo acogerles y comprenderles, cuando permitió que la Virgen de Czestochowa fuese entronizada en la capilla construida al efecto dentro del complejo parroquial. Cuanto fruto ha dado y sigue dando la vida apostólica de Mosén Mariné. Durante unos años no se le pidió ningún tipo de colaboración desde esta su parroquia, pero él no se quedó de brazos cruzados. Supo dedicar su tiempo y su labor, en los servicios funerarios del Tanatorio de Sancho de Ávila, en la Capilla de la Adoración de la Santa Faz. Y actualmente en la capilla de Ntra. Sra. de la Merced y San Pedro Apóstol de la calle Laforja. Hace un par de años, en una de mis visitas a Barcelona, hablando con él, le sugerí que descansara más, que ya no trabajase tanto. Y me respondió que así lo hacía. Que trabajaba de lunes a sábado, y que el domingo, después de celebrar la misa o misas que tuviese esa mañana, dedicaba para él la tarde del domingo. Cuando le pregunté que hacía esas tardes de domingo, me respondió que Dios le estaba colmando de salud y años, y que como ya estaba ya en edad de total jubilación, eso era signo de que Dios quería algo más de él. Que Dios quería que en el ocaso de su vida se dedicase a obras de caridad. Por esa razón, la tarde del domingo la dedicaba a visitar sacerdotes enfermos, algunos de su misma edad, que no gozaban ya de salud, porque estaban ciegos o sordos, o con mascarilla de oxígeno. El los visitaba, les animaba, los confortaba, y si era necesario les llevaba la Santa Comunión. Ese era el tiempo que dedicaba para él. Su descansoera hacer obras de caridad. Es una respuesta que impresiona, y que te deja de una pieza. Escuchar que cuando uno tiene tiempo libre es para dedicarse todavía más al amor de Dios. Hay personas, a quienes después de morir les deseamos que descansen en Dios. Mosén Mariné ha aprendido y ha sabido descansar en Dios en vida. Como nos dice el mismo Jesús en el Evangelio: “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra”. Mosén Mariné: No tiene usted nada que temer. El Señor devuelve siempre el ciento por uno. Y usted le ha dado mucho a Él. Y todo eso multiplicado por cien, es muchísimo ante Dios. “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”, hemos escuchado en el Evangelio. Es esta una alabanza grande, porque Jesús la dijo cuando su Madre se acercaba a él” Que gran recuerdo de aquellas prácticas de piedad marianas y con qué solemnidad. El Mes de Mayo, con sus avemarías cantadas, la Novena a la Inmaculada, o a la Virgen del Carmen. El rezo diario del Santo Rosario. Y todas las fiestas de María que eran aquí entre nosotros ocasión de cantar y celebrar a María la Madre del Señor. La Santa Misa es ciertamente acción de gracias a Dios. Pero permítanos, le demos hoy también las gracias a usted. Su labor está ahí. Y sigue dando fruto. Que Dios le bendiga hoy y siempre, y a nosotros nos ayude a saber ver en este día en que cumple usted sus 90 años, el gozo verdadero de una vida entregada a la voluntad de Dios. No deje usted de entonar su “Introibo ad altare Dei, ad Deum que laetificat juventutem meam” aunque sea cogido a un bastón, o a veces sentado. Porque el cuerpo envejece pero los que viven en Dios tienen un espíritu joven, eternamente joven, y que todavía rejuvenece más, cuando se tiene a Dios más y más cerca. Mosén Mariné: Felicidades en este día. Felicidades también a la comunidad parroquial, por vuestra asistencia y vuestra presencia. Yo pienso que en conciencia, era para nosotros una obligación justa y necesaria, que hoy no pasáramos por alto este noventa cumpleaños de Mosén Mariné. Estamos con usted junto al altar de Dios. Vamos a celebrar la Santa Misa, y vamos a comulgar ese mismo pan partido y compartido, que es el que nos une en la fe, la caridad, en el amor de Dios. Que así sea.
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